Cóctel

28 de enero 2009

Él tomaba Chardonay, ella margaritas con ginebra. No eran las únicas cosas que los diferenciaban, sin embargo, lo intentaron.

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Nota de cata

17 de noviembre 2008

El retronasal le recordaba a lencería de monja. Sí. Podía haberle recordado como otras veces a bayas: fresas, frambuesas, zarzamora o grosella, o, tal vez a fruta de árbol: cereza roja, cereza negra, a frutas frescas o a ciruela. Podía haber dicho: floral, sin duda, y haber recorrido el mundo de los pétalos de rosa, de violeta o de lila.

Había veces que algunos caldos le recordaban a hierbas, a pimiento, a olivo, salvia, anís o tabaco, y otras a plena tierra, hongo, tierra, alquitrán o trufa. Pero esta vez no. Hizo mentalmente un recorrido por todos los olores conocidos: carne ahumada, tocino, cuero, por el extenso mundo de las especias: canela, clavo y pimientas y por las maderas: vainilla, roble, humo y tostado. Pero no consiguió encontrar similitud.

Cumplió con toda la ceremonia. Inclinó la copa sobre fondo blanco para percibir el color y la intensidad. Dió varias vueltas al líquido para examinar las lágrimas que se formaban y caían a lo largo de las paredes interiores del cristal. Conocía ya el cuerpo, la textura y casi la graduación. Sujetó por el pie la copa y metió la nariz a fondo. Inhaló; profundamente intentando percibir todos los aromas. Giró la copa varias veces para liberar los compuestos y repitió.

No pudo evitarlo, y aún después de decirlo no sabía muy bien que había querido decir ni por qué. Pero no pudo evitarlo y lo dijo: El retronasal me recuerda a lencería de monja.

Líneas paralelas

26 Marzo 2008

Noches de vino y jazz rezaba la invitación. Un extraño maridaje entre una presentación de un vino cosecha familiar y una bigband en un cuasitugurio cercano a Gran Vía con aires de esplendor art decó y camareros empalagosos. Mari Ángeles, ingeniera convertida a la alquimia de la vid, presentaba el Vihucas edición limitada a la vez que orquestaba una cata de las de paratodoslospúblicos. Primera botella y la banda de Santigo de la Muela comenzaba a ritmo de swing. Dum, dum, dum, piripiiiii, turumtu dan, dum dum dum. Una veintena de negro entre trombas, trompetas, saxos y la sección de ritmo. Blancos de negro. Todas las cosas no son lo que parecen. All the things guaraguaraguara. Traducción simultánea al micro intimidado por la dimesión de sus colegas de ruidos. Tiripa, taratarata. Aplausos tras los solos. 27 malocos de mediosiglo por barba hablando de vivienda comunal, urbanismo, ecología y la Comuna Número Uno alemana. La suya, la Maloca, especie de proyecto ideológico de los noventa, de 600 metros para 27, era una especie de neocomuna en la playa. Un bioarquitecto, un catedrático de Filosofía y un experto en protoma. Dum dum dum durum durum dum dum dum, contrabajo. Ritmos brasileños, composición de de la Muela, notario por obligación y maestro de ceremonias. Y más aplausos. Aplausos de nuevo tras los solos. Más aplausos. Sin orden, ni concierto. Las manos. La banda en equilibrado desorden. Una nueva botella de Vihuca. Una trombonista alemana le daba a la vara. Las conversaciones giraban como las cabezas entre jazz, tertulias semanales y bodegas de Uclés. Hollejos y pepitas, y alguna hojuela descarriada. Cada cual con su vida. Astrigencia en la lengua. Corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas garabateando el rayado. Parapaaaa. Solo de Jonhatan a la tropeta, mientras apuraban la segunda botella. De nuevo aplausos como un multiorgasmo. taratum, taratu, taratum, chasss.

Por un momento se sintió arrastrado por la tronadora sección de viento de la bigband en el Cafe jazz Berlín. Unos segundos ifinitos de sueño musical. Cambio de clave. Unos segundos en los que se olvidó por completo de si mismo, de su úlcera de estómago, de las ganas de vomitar con las que entró en el local tres horas antes y del mal trago que había pasado ese día despidiendo a una amiga en el trabajo. Cerró los ojos y se dejó llevar por la lineas paralelas.

Published in: on marzo 27, 2008 at 1:33 am  Comments (3)  
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