Sirenas y ranas

14 de enero 2008

El otro día me cayó una sirena del cielo. Caía una tormenta tremenda y circulaba en una carretera casi desierta paralela a la interestatal, observando como los rayos se clavaban en las montañas de hierro al frente. Circulaba a escasos veinte kilómetros hora cuando se precipitó sobre el capó del coche: la más bella sirena que jamás pude imaginar, de largos y ondulados cabellos y doradas escamas. Desde entonces vive conmigo en casa. Hoy he leído que debido a nosequé efecto de corrientes de aire y humedad hay otra gente a la que le llueven en plena calle o se le estrellan en el parabrisas rana de casi un kilo. Noshemos mirado y no hemos podido contener una carcajada.

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