Qué inmensidad

25 de marzo 2008

Salió como cada día a dar una vuelta al perro. Se llamaba Tarugo. El perro. Un día más el mp3 sin música, descargado, sin pila. Recorría, dejándose llevar, la calle arriba a seis patas. Estaba abarrotada de gente. La calle. Cada cual con una historia. Vidas cruzadas por un coche cogiendo la curva de San Ildefonso. Un graffiti dibujando media sonrisa. Avanzaba dándole vueltas a lo inmediato, dibujando en la cabeza las historias ajenas. Tres enanos, dos cualquiera, una perdida. Nadie. Bajaba hacia la esquina con Fuencarral cuando el perro se paró para cumplir con su rutina nocturna. Cajoneras de madera, un marco de cuadro y un cartel de sevende, como un ninots sobre el descampado de la casa que tiaron dos años atrás y que quedó en el olvido inmobiliario. Tiendas de moda cool, con escaparates que simulaban ser otra cosa cool, cubos de basura esperando su minuto de gloria, dos balcones abiertos a la fresca heladora de la noche ventilando intimidades y una pelu cerrando por los pelos. La gran pared desnuda de la casa vecina parecía una tableta de chocolate de las antiguas, de las del jollo con aceite. Sudenly, le gustaba el sonido de esa palabra que parecía aparecer de forma súbita, miró al cielo y vió dos puntillos alejados en el firmamento junto a una gran luna llena. Joder, -se dijo- ¡qué inmenso es el universo!

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Published in: on marzo 25, 2008 at 10:25 pm  Comments (2)  
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