Nota de cata

17 de noviembre 2008

El retronasal le recordaba a lencería de monja. Sí. Podía haberle recordado como otras veces a bayas: fresas, frambuesas, zarzamora o grosella, o, tal vez a fruta de árbol: cereza roja, cereza negra, a frutas frescas o a ciruela. Podía haber dicho: floral, sin duda, y haber recorrido el mundo de los pétalos de rosa, de violeta o de lila.

Había veces que algunos caldos le recordaban a hierbas, a pimiento, a olivo, salvia, anís o tabaco, y otras a plena tierra, hongo, tierra, alquitrán o trufa. Pero esta vez no. Hizo mentalmente un recorrido por todos los olores conocidos: carne ahumada, tocino, cuero, por el extenso mundo de las especias: canela, clavo y pimientas y por las maderas: vainilla, roble, humo y tostado. Pero no consiguió encontrar similitud.

Cumplió con toda la ceremonia. Inclinó la copa sobre fondo blanco para percibir el color y la intensidad. Dió varias vueltas al líquido para examinar las lágrimas que se formaban y caían a lo largo de las paredes interiores del cristal. Conocía ya el cuerpo, la textura y casi la graduación. Sujetó por el pie la copa y metió la nariz a fondo. Inhaló; profundamente intentando percibir todos los aromas. Giró la copa varias veces para liberar los compuestos y repitió.

No pudo evitarlo, y aún después de decirlo no sabía muy bien que había querido decir ni por qué. Pero no pudo evitarlo y lo dijo: El retronasal me recuerda a lencería de monja.

Crueles

19 de mayo 2008

¡O monja o puta!, ¡O monja o puta! -le gritaban los niños en el colegio.

La frase le persigió toda la vida. Se llamaba María Magdalena Luz Divina Santos, por una de esas decisiones absurdas de unir los nombres de las abuelas en la nieta. La frase le pesaba como una losa. Y más le iba a pesar a lo largo de su vida. Aquellos fueron tal vez los peores, los del colegio, con una clase de niños tan dulces como crueles. “O monja o puta”, la frase le acompañó durante su niñez y adolescencia como unmantra que le marcaba los únicos caminos.

Y tuvo que decidir qué hacer con su vida. Élla, María Magdalena Luz Divina Santos, terminó aprobando unas oposicioes para trabajar como profesora en el mismo colegio de primaria en el que había pasado toda su infancia.

Published in: on mayo 23, 2008 at 12:04 am  Comments (1)  
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