El coronel tiene miedo

16 de febrero 2009

Muchos años más tarde, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel tuvo miedo; uno de esos miedos -si es que se pueden hacer categorías en los miedos- incontrolable que rozaba lo más profundo de su ser, donde el hombre ya no es hombre sino animal; un miedo de esos que te hacen temblar sin remedio, sin quererlo, sin hacer caso a tu voluntad. Tantas veces estuvo acariciando la muerte y nunca como ahora podía sentir su aliento tan de cerca. Temblaba no sabía sin por sentir cerca el fin o por aquel indigno miedo que era incapaz de dominar. Intentó apartar su pensamiento de la escena y comenzó a capturar de algún remoto lugar de su mente las imágenes de Arcadios, Aurelianos, Úrsulas y Petras en descendencias múltiples y aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo.

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Pastillas para la tensión

12 de abril de 2008

Llevaba más de treinta años tomando aquella pequeña pastilla azulada. Siempre a la misma hora, después del primer café, descafeinado, de sobre, medio, con dos de azúcar. Se había convertido en una especie de ritual. No podía empezar el día si no había ingerido antes aquella pequeña porción química. Glub, la pastilla. Su amigo azul le daba cierta sensación de control de su vida. Y detrás, un gran vaso de agua. Glub, glub, glub. Ya está. Era el pistoletazo de salida para echarse a andar.

Hacía más de treinta años que luchaba contra la tensión alta. La verdad es que no sabía si aquella pastilla seguía haciendo el mismo efecto o, si su tensión habría vuelto ya a un rango que se pudiera calificar como normal.

Se la disgnosticaron hacía más de tres décadas y nunca desde entonces había vuelto al médico. Nunca. Le producía una terrible sensación de vacío sólo pensar que podía haberse recuperado y que el médico se la retirase.

Published in: on abril 13, 2008 at 9:09 pm  Dejar un comentario  
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