Pavesas

15 de octubre 2008

Las pavesas saltaban desde el gran frontispicio triangular creando nubes que se mecían sobre la playa. En el agua gris los reflejos de las llamas danzaban un baile macabro. Los nuevos dueños veían cumplirse el sueño de construir el gran proyecto del Nouvel Hotel. No hacía ni seis años que la misma princesa Margriet lo había inaugurado, pero la competición en altura en la costa lo había engullido entre proyectos mayores. Y parecía que más de un siglo de historia volaba como las pavesas esa noche frente a la costa.

Aquella noche, desde la plataforma, las luces en la costa invertían el paisaje.

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El faro

28 de abril 2008

Estaba en la ventana. Sábado noche y la calle como siempre atestada de gente de marcha por el barrio de Malasaña. Levantó la vista hacia el oeste y lo vió: una pequeña luz a la altura del Hotel Princesa brillaba por encima de los tejados de la ciudad. No podía dar crédito a lo que veía: un faro. Una luz intermitente dirigía un halo sobre el cielo de la capital. Y no podía ser otra cosa.

Se frotó los ojos; como los niños pequeños. Un par de veces. Pero allí continuaba; un largo y afilado faro de granito en el centro de la ciudad. Increible pero la imagen no podía ser más nítida. Su ciclo de luz era bastante regular. Dos segundos de luz, dos de oscuridad. Dos segundos de luz, dos de oscuridad. Dos segundos de luz, dos de oscuridad. Los periodos se repetían como un hipnotizante mantra lumínico.

Las voces de la calle dejaron paso a un lejano rumor de olas que chocaban frente a una costa escarpada y brava. Podía apreciar cada una de las batidas abrazando la base del faro; el estallido sordo del mar contra la roca. Si se concentraba, podía incluso percibir el salpicar de blancos espumarajos de sal contra la piedra. La noche olía a mar; un olor salino con regusto a electricidad. Parecía como si fuese a romper una gran tormenta en la isla de Ouessant.

La sirena de un pesquero anunciaba su entrada por la punta de Pern. Volvía a Fisterra tras casi una semana en alta mar cargado de marineros húmedos buscando sus hogares. En menos de un minutos otro pesquero volvía a irrumpir con una largo de sirena. Otros tres siguieron con saludas graves avisando al puerto de Lampaul que estaban a punto de entrar. Junto a la Jument, los otros cuatro faros de La Fromveur plateaban el mar de la isla del cangrejo en una fiesta de sirenas y luces.  El escabozo rayaba la noche a intervalos regulares mientras un albatros se posaba sobre la roja torre del faro.

A la mañana siguiente la prensa local titulaba: Un colosal incendio en el centro de Madrid mantuvo hasta entrada la madrugada a decenas de dotaciones de bomberos y policía trabajando en su extinción.