Sueño azul

7 de noviembre 2008

Hoy soñé con aquello que contaba mi abuelo cuando yo era pequeño, antes del Gran Cambio, cuando el cielo era azul y salían a pasear los domingos por la mañana más allá de la zona de exclusión.

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El hilo común

29 de agosto 2008

La comida es un hilo común. La comida une a todos. Centenares de mesas enfiladas acogían a la hora de la cena a miles de habitantes de aquella Unidad Especial; la número 342. La comida une, era una de las enseñanzas del Comisario General. Comían una especie de crema de patatas con garbanzos; pequeñas bolitas de proteina sobre una base de hidratos de carbono. Todo procedía de la Despensa Base, donde cada mañana llegaban los envíos de la unidad experimental GC-11. Las bolitas de proteina sintética, con forma casi de garbanzo pero técnica y químicamente superior.

Los residentes de la Unidad especial 342 comían en silencio, mientras sonaba de fondo música clásica del XXI. La comida une, era la consigina. Y así lo recordaban unos grandes letreros sobre las mesas a la altura del segundo nivel. La comida es el hilo común, habían sido las palabras textuales del Comisario general y el origen de aquellos gigantescos comedores comunales. En la sala el silencio era sepulcral, tan sólo un pequeño tintineo de cubiertos y jugos gástricos.

Futuro

24 de agosto 2008

Abrió el correo y descubrió que vivía en el futuro.

“Hola. Espero que cuando recibas este mail estés bien. Espero que hayas disfrutado de la vida tanto como hoy te deseo. Seguro que has triunfado, que terminaste arquitectura y tienes ahora un buen empleo, una casa y por lo menos, me aventuro a decir, un hijo que será igual que tú. Estoy seguro que serás alguien importante; tan importante que tal vez no tengas ni tiempo para leer este correo y lo abra tu secretaria…”

Lo había olvidado por completo. Había sido un juego hacía veinte años. Se había mandado, a través del servicio Futurmail, un correo electrónico al futuro. Un mecanismo sencillo: bastaba que los servidores de correo retrasaran la entrega en los años que seleccionases. Posiblemente la empresa hubiera ya desaparecido pero el mail había quedado colgado en alguna parte del ciberespacio hasta que llegó el momento. El día de hoy. Veinte años después.

– “Estoy seguro que conseguirás todo lo que te propongas, seguro que lo conseguiremos. Un beso fuerte. Nos vemos en veinte años.”

En un segundo lo recordó todo. Justo el momento en que escribió aquellas líneas hacía veinte años, con unas ganas de comerse el mundo que se habían ido desvaneciendo con el paso de los años. Una lágrima le recorría la mejilla.

Loco

22 de agosto 2008

– ¡No estoy loco, tienen que creerme! -gritaba a los celadores y enfermeros que intentaban reducirlo- Soy Ethan Jensen, cronohistoriador. De la Facultad Johanson. Vengo del año 2118. Me han enviado para hacer un registro de vuestra historia y saber qué ocurrió con John Titor. Tienen que creerme, no estoy loco.

Decía la verdad.

Dos deseos

6 de agosto 2008

Le ofrecieron elegir entre dos deseos: o viajar por el tiempo o por el espacio. Eligió el tiempo, cincuenta años por delante. Sabría lo que ocurriría tras su muerte, conocería a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Sabría en qué se habría equivocado su generación y cómo sería el mundo que dejaría a sus nietos. No sólo conocería sus equivocaciones sino las que cometerían sus hijos. Comprobaría cómo sufrirían los hijos de sus hijos aquello que todavía no había ocurrido. De repente pensó que tal vez no existiera nada en cincuenta años. Lo sabría todo, aunque no podría hacer nada para evitarlo.

Pensó que no podría superarlo. Y pidió cambiar su deseo: solicitó viajar lejos, lejos, por el espacio.

Published in: on agosto 18, 2008 at 11:43 pm  Dejar un comentario  
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