Autostop

1 de didiembre 2008

Sin duda se bajaría en el próximo transbordador que le puediese llevar a algún lugar conocido. Llevaba poco menos de cinco años luz de viaje y ya no aguantaba a aquel camionero  que le miraba las tetas mientras masticaba con la boca abierta un sandwich de sardina deshidratada. Conducía un Orión de ocho toberas de fisión, con algún extra tunning de dudoso gusto, y se dirigía a NF-11. Después de la Rebelión cada vez era más difícil que alguien te recogiese y te subiera a bordo; cada día se oían casos de gummies que utilizaban formas humanoides para desvalijar a los correos de transporte. Odiaba a los camioneros espaciales en camiseta de tirantes pero no tenía mucho más donde elegir; había estado más de tres horas haciendo autostop en aquella estación orbital. Tras los monitores de la central de carga un almanaque anticuado de 2184 dibujaba un holograma barato de una androide casi desnuda. Sabía que el viaje no iba a ser fácil.

-Parece que las cosas no están muy bien por Orión, he oido decir -masculló con la vista perdida en el infinito estelar.

Dos deseos

6 de agosto 2008

Le ofrecieron elegir entre dos deseos: o viajar por el tiempo o por el espacio. Eligió el tiempo, cincuenta años por delante. Sabría lo que ocurriría tras su muerte, conocería a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Sabría en qué se habría equivocado su generación y cómo sería el mundo que dejaría a sus nietos. No sólo conocería sus equivocaciones sino las que cometerían sus hijos. Comprobaría cómo sufrirían los hijos de sus hijos aquello que todavía no había ocurrido. De repente pensó que tal vez no existiera nada en cincuenta años. Lo sabría todo, aunque no podría hacer nada para evitarlo.

Pensó que no podría superarlo. Y pidió cambiar su deseo: solicitó viajar lejos, lejos, por el espacio.

Published in: on agosto 18, 2008 at 11:43 pm  Dejar un comentario  
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