Segundo

15 de diciembre 2008

Sólo pudo decir: bonito… bonito… Una magnífica desolación.

Su huella no fue la huella, su frase no fue la frase y él no fue el primero. El comandante Neil llevaba todo el viaje ensayando sus palabras, pero él no pudo más que soltar lo primero que se le vino a la cabeza sin pensar que allá abajo le escuchaban en directo unos cuantos millones de terrícolas.

Allí arriba, en el Mar de la Tranquilidad, su corazón palpitaba ingrávido como el primero.