Nº 6 en La Menor

29 de octubre 2008

Los cencerros de vacas simbolizarían la soledad del hombre en la naturaleza, el xilófono, que jamás antes había utilizado, era la risa del diablo, las campanas el credo y el martillo el destino. El destino. Tres fuertes golpes de martillo se oirían en el Finale. Componía la más trágica de todas sus sinfonías y quería representar la lucha del hombre y la muerte, la confrontación de un hombre y de todos los hombres del mundo.  Necesitaba inspiración y acabarla en ese mes de julio, pero esos tres martillos le golpeaban la cabeza impidiéndle continuar. Tres golpes de martillo para el Finale. Tres golpes de destino.

La muerte de María, con apenas cuatro años, su forzada dimisón y la enfermedad le esperaban tan sólo un año después.

Destino

6 de mayo 2008

Él saludaría al entrar en casa- ¿Qué tal? -y le daría un beso en la mejilla.

– Bien, preparando algo para cenar ¿te preparo algo? Me hacía un sandwich, estoy agotada.

– Bueno, tomaría uno igual. Me ducho y te acompaño. ¿Qué tal fue el día?

– Como todos. Un horror. Siete visitas,una casa apalabrada y se ha caído una venta que cerré la semana pasada. La crisis parece que hace mella en el sector -respondería ella sin levantar la mirada de las dos rebanadas que untaba con mayonesa- ¿Y tú?

– De nuevo bronca con el jefe; está de los nervios desde que se conoció la noticia de la fusión; parece que él está de los primeros en la lista de despidos de la nueva dirección. Al margen de eso todo bien. Por cierto ¿llamaste a los del seguro? -le preguntaría él mientras se iba desabrochando la corbata.

– Llamé, pero dicen que tardarán un par de días en venir a tasar los daños. No hay forma de hacerlo antes.

– Bueno, me meto en la ducha. Salgo en cinco minutos.

La cena, dos sandwiches de queso, rúcula y mayonesa, mientras echaban un ojo al nuevo reallity de moda en la tele. Varios comentarios al respecto del trabajo y a un encuentro con una antigua amiga del cole, mientras hacía unas compras en el centro comercial al lado de su trabajo.

Por la noche, sexo tibio y siete horas de sueño, hasta las siete y media que sonaría el despertador como cada mañana.

Nada diferente al resto de los días. Pura normalidad. Vida en pareja. Aunque los dos sabían lo que no decían.

Sabían que a las dos semanas ella llegaría a casa y en vez de una propuesta de cena le plantaría, sin previo aviso, su propuesta de divorcio, sin dar más rodeos. Él la aceptaría sin pedir más explicaiones.

Published in: on mayo 7, 2008 at 12:19 am  Comments (1)  
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