Vértigo

30 de enero 2009

Tenía sólo 17 años. Sentía que todo se había acabado. No pensaba en la muerte, ni en un final físico de su existencia. En cierta forma aquello le hubiera reconfortado. No; sentía que todo había acabado aun sin empezar; el mañana era una prolongación forzada de un proyecto fallido, sin deseos ni proyectos. Avanzaba sin saber hacia dónde por pura inercia. Y el futuro se le presentaba como una repetición vacía del día anterior.

Anuncios

Freno

4 de noviembre 2008

En el último momento pudo pisar el freno. Fueron unas décimas de segundo, tal vez menos, pero en esa rara sensación de poder ver pasar la vida entera en los momentos anteriores a la muerte, le dió tiempo para pensar en lo que estaba a punto de hacer, a barajar las distintas opciones que se presentaban ante él, las consecuencias de cada una de ellas, su vida o su muerte en cada una de ellas. Pensó en asumirlo todo, aceptar que había sido un error, pero que no merecía la muerte. Con el tiempo lo superaría; no sería fácil, pero era una cuestión de tiempo, y de superar los primeros momentos. Analizó la opción de seguir como hasta ese momento, haciendo como que nada había ocurrido, engañándose a él y a todos. Hacer como que no pasaba nada era la opción más fácil y menos dolorosa en el corto plazo, pero no podía seguir viviendo en aquella mentira, levantarse cada mañana pensando en disfrazar su vida con algo que no era. Y pensó en la tercera de las opciones, sin duda la más drástica. Y no era porque le asustase el momento, ni el dolor, ni le faltase valentía. No creía que hubiera nada más allá, por lo que tampoco sentía miedo a lo que podía encontrarse. Lo que le obsesionaba era errar, no llegar, fallar y no completar el plan; era una opción no válida, que combinaba casi todo lo peor de las anteriores.

Lo había analizado fríamente, o al menos, con la frialdad que podía tomarse las cosas en su situación. Sin duda no era objetivo, pero tampoco pensaba que la decisión necesitase más meditación ni más análisis. Por eso, cando toda la vida le pasó por delante, como suelen decir los que han vivido una experiencia similar, a cámara rapida y volvieron a planteársele las tres opciones le pareció que ya no había nada más que hablar.

En el último momento pudo pisar el freno. Pero no lo hizo.

Wall Street

2 de octubre 2008

La blackberry no había dejado de sonar todo el día. Aquella semana había empezado mal y no tenía intención de terminar mejor. El crack de los mercados al otro lado del charco se dejaba sentir, y sabía que tarde o temprano pasaría factura. A él se le había acumulado todo en los últimos dos días: el cierre en el Ibex de 15 puntos a la baja de su compañía provocaba una reacción en cadena de ventas, compras, reuniones del Consejo, decisiones que ene último momento se echaban atrás, análisis y contranálisis. En los últimos cinco días llevaba una media de tres horas de sueño. Había cogido cuatro aviones y cerrado operaciones in extremis para intentar salvar a la desesperada a la empresa que le había contratado ocho años atrás recién salido de su MBA fulltime en una prestigiosa escuela de negocios europea.

Era de Valladolid, de un pequeño pueblo de valladolid. Su padre, contable en una pyme cárnica. Él había querido demostrar hasta dónde podía llegar: el mejor en su promoción, contratado recién salía de la escuela y un currículo de acciones y operaciones bursátiles realmente envidiable. Siempre se había sentido orgulloso de si mismo y de su carrera. Era un triunfador.

Pero hoy se lo planteaba todo. La caída de mercados había arrastrado algo más. Empezaba a no gustarle aquel mundo que había ido creando y que ahora le engullía. Se cuestionaba si valía la pena el esfuerzo, si tenía sentido aquello. Eran las cuatro de la madrugada, y con una taza de café sólo revisaba los últimos informes y el cierre de los mercado. Sabía que el día siguiente no sería mejor.