Jodido

15 de agosto 2008

A veces estoy jodido, si jodido y no sé por qué. Siempre me pasa en los momentos en los que no tengo razón para estar así, pero tal vez por eso, me siento tremendamente jodido. Un puto coñazo que no consigo quitarme de la cabeza pero pienso: qué te pasa chaval. Y si pienso, zas, jodido. Me jode pensar. Además me duele la cabeza. Y si me duele la cabeza, mucho peor. Más jodido. Jodido y con dolor de cabeza. Una puta mierda. Mejor no pensar, pero es que es imposible. Cuanto más intento dejar de pensar en eso, más me rayo. Y noto que me va a pasar, que ya viene. Y no puedo hacer nada, veo cosas y sudo. Sudo jodidamente. Un puto sudor frío que me empapa. Y me siento fatal, de verdad. Tal vez tenga algo, pienso, pero me da yuyu pensar que tengo algo, y empiezo a darle vueltas a si tengo un cáncer en la cabeza, o una puta enfermedad en las neuronas. Me rayo. Joder, y no se salir de aquí. Y tal vez necesitaría ayuda. Pero no puedo pedir que nadie me ayude, me jode que me vean así. Jodido, rayado y sudando. Me quedo quieto sin hacer nada. A veces también lloro, no siempre, pero a veces lloro y me hago pequeñito, en una esquina. La cabeza parece que me va a estallar. Y me veo como un niño, desnudo, y no quiero que me peguen. Lloro. Y puedo estar así un buen rato, hasta que se me pasa un poco y me limpio los mocos. Y me quito la puta camiseta de los cojones, que está fría. Me la ato a la cabeza y espero. No se a qué espero. No quiero que venga nadie. Quiero quedarme allí sólo, esperando que todo pase, que dejen de gritar. Que no me toquen. Y me duermo, y a veces, no siempre, sólo cuando lo he pasado jodidamente mal, me despierto oliendo a meado. Pero todo se ha ido. Todo ha pasado. Y me miro la manos, y los brazos, y noto que estoy aquí de vuelta. Y ya no me duele la cabeza. Y se me ha pasado.

Amigas

23 de mayo 2008

-Pues chica, hay alguna que te pilla así de jevi sin saber por dónde vino. -En la despedida hablaban de depresiones, después de una tarde juntas.

Eran amigas de toda la vida y salían a pasear, ellas solas, los jueves por la tarde. Hablaban ,entre otras cosas, de depresiones, psicólogos, tratamientos, ansiedad,… Y siempre en tercera persona: lo que le ocurrió a la nuera de mi vecina, a la hermana de la del quinto, o a una amiga de una amiga de una amiga. Las dos sabían que era una forma de hablar.

Subían por Gran Vía, mientras veían algún que otro escaparate con moda primavera, hablando de neurotransmisores, serotonina y linfocitos. A su manera.

– Chica que se te quedan pelás de hormona las células y ahí te vienes abajo. -argumentaba una de ella.

Habían estado en el Rodilla tomando un sandwich de queso con tomate mientras comentaban lo de la Sole: trsiteza, decaimiento, irritabilidad -hacían un repaso de los síntomas clásicos- , depresión endógena sin duda, concluían, como si hablase su psicoterapeuta.

Y terminaban minutos antes de la despedida con farmacología, como si hablasen de recetas de cocina.

-Dicen que la venlafaxina va muy bien, aunque como la reboxetina o la fluxetina de toda la vida no hay nada.

Las dos sabáin lo que no decían. Las dos sabían que ambas habían estado en tratamiento, que llevaban más de cuatro recaídas, dos bajas laborales y un intento de suicidido. Las dos sabían que estaban saliendo de lo más difícil, después de semanas de tratamiento. Las dos sabían que el hablar en tercera persona era una formalidad que habían inventado hacía años. Las dos se marcharían a sus casas, reventadas de andar y de hablar. Y las dos, antes de meterse en la cama, se tomarían media de Prozac, por si acaso.

Published in: on mayo 25, 2008 at 8:58 am  Dejar un comentario  
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