Gourmet

24 de noviembre 2008

No podía dar crédito a lo que leía. Intentaba recordar, sin éxito, la cara del comensal que había dejado aquella nota sobre la servilleta.

“Exceso de color en el rissoto. Menos caramelo y más coción. El aceite de pesto se pone antes de emplatar y el acceto al terminar. Y no al contrario. Pecorino mejor que parmigiano; mejora la textura. Del salmón, mejor no hablar. Exceso de grasa, carne cruda en el centro y falta de cierre exterior. Treinta segundos más al interior y fuego fuerte para cerrar la carne. Cuidar relación cantidad de fuego y tiempo. Un plato más grande realzaría la presentación del segundo. La mezcla de verdes mejoraría sin canónigo. Rúcula sóla con limón acentuaría el aroma del salmón. Y un espresso es un centimetro denso, intenso y fragante no un cubilete de agua oscura. Tres sobre diez.

PD.- Los ojos de la camarera hacen olvidar los errores de la cocina. Volveré mañana”

Cocina

29 de junio 2008 

Me las encontré en la planta de abajo. Estaban montadas. Sin esquemas, sin tornillos en bolsita, sin llave Allen. Pensé: ha sido un despiste, tal vez una devolución. No podía dejar pasar esa oportunidad: Ikea me las daba montadas; las eché a la bolsa amarilla. Hoy me he dado cuenta que aquellas tijeras son lo único que no monté en mi cocina. Desentonan. Las he desmontado y las he vuelto a montar.