Correspondencia

14 de diciembre 2008

Estimada señora, luz de mis días,

Espero que al recibo de la presente me haya concedido el don de recibirme . Si no es así, me conformo tan sólo el placer de sentirme palabra en sus labios. Disculpe el atrevimiento de escribirle cada día pero no puedo luchar contra su recuerdo.

Quiero tan sólo recordarle una vez más que aquí yace un caballero que moriría sin pensarlo a sus pies.

Atento,

Miguel Amor.

 

Querida amada,

Suelo cada noche que me recibe en sus brazos mientras una fragancia eterna nos envuelve, nos arropa y eleva hacia las nubes. Muero cada mañana al descubrir que sólo fue un sueño. La añoro, la extraño y este agujero que crece en mi pecho la espera eternamente. Es pleno mi gozo solo sabiendo que me recibe cada día en su alcoba y que sus finas manos acarician estas palabras que ahora mismo escribo.

Suyo por siempre,

Miguel Amor

 

Mi amada amor,

Son muchos los días que pasan sin recibir de usted un ligero gesto que confirme que recibe mi correspondencia. No ya busco que me reciba, que tamaña osadía no es mi anhelo, sino tan sólo que deje una señal para sólo saber que me sigue, me lee y mantiene mi sueño de ser algún día plenamente suyo. Espero no haberla incomodado con ninguno de mis envíos, pues no era mi intención.

Espero ansioso saber algo del sueño de mi vida.
Afectuosamente

Miguel Amor.

 

Estimado don Miguel,

Ya que mis apercibimientos orales no surten efecto utilizo este medio epistolar del que usted es tan dado. Le pido encarecidamente que deje de acosar a la nueva compañera doña Rosita con sus cartas.  Como deberia saber, y si no yo le recuerdo, la señora necesita de cuidados en estos momentos y no está para juegos amatorios.  De paso le refresco que esta es una residencia geriátrica que, si bien, favorecemos el compañerismo y la buena relación entre todos los huéspedes no vemos con buenos ojos este tipo de juegos. Le ruego ceje en su empeño o nos veremos obligados a hablar con su hijo como la última vez.

Atentamente,

La dirección del centro.

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Published in: on diciembre 16, 2008 at 12:59 am  Comments (2)  
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Despedida

5 de octubre 2008

Saltaba, veinticuatro pisos, 254 metros en vertical, sin protecciones horizontales, tres metros y medio de fría acera, una fila de árboles, falso plátano de ciudad y cuatro calles de coches, ambas direcciones al frente. Tardaría menos de cinco segundos en acabar convertida en una ficha policial con código 10-56. Al legar al piso 17 algo voló de su bolsillo; la carta que llevaba escribiendo desde hacía dos semanas explicando os motivos, reflexiones y despedidas ante aquel salto. 

Ingrávida por la compensación de fuerzas de la caída creyó que podría alargar la mano y sujetarla, pero le faltaron unos segundos. La carta eligió otro camino y descansa ahora en la rama de un platanero, quince metros por encima de las cabezas de un grupo de transeuntes parados en la acera, en torno a algo, o alguien que acaba de tirarse desde el piso veinticuatro.