Ida y vuelta

17 de diciembre 2008

Se llamaba Nora. Un día sintió que le faltaba el sol y se fué a vivir a un país cálido, a la orilla de un mar inmenso y rico. Su piel se bronceó. Y echó en falta el bosque y el suave olor del helecho. Se marchó, sin pensarlo dos veces, a un lugar lleno de nieve, de casas con tejados a dos aguas y chimeneas eternas. Descansó. Y pensó que necesitaba estar rodeada de gente, de voces y de historias. Hizo las maletas y empezó a vivir en una ciudad de grandes avenidas y estrenos de teatro. Creció. Y echó en falta el aire. Fue sólo pensarlo y se vió, de repente, en una casita cerca de un río, con un perro rubio al que acariciaba el lomo. Maduró. Pasaron los años y vivió en el norte y el el sur, en el este y en el oeste. Subió a montañas escarpadas y se dejó atrapar por la tormenta en el desierto. Navegó, miles de millas, hasta que los huesos se le entumecieron y paseó por un mercado lleno de naranjas.

De repente, con las maletas gastadas, se echó de menos a sí misma. Y volvió a casa.

Published in: on diciembre 18, 2008 at 12:28 am  Dejar un comentario  
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