Poesía para engañar

12 de noviembre 2008

Se sentía como una pavesa renegrida a punto de apagarse, como el moho escondido bajo las hojas muertas de otoño, como una grieta que avanza y enseña las tripas de la desolación, como carne muerta que no vuelve a respirar, como restos de nubes en un cielo sin luna.

Se veía como los cascotes de una escultura antigua roída por el tiempo, como el canto gastado por el beso del agua, como un aire respirado, como viruta de madera, como hoja de flor marchita, como un campo después de la siega.

Buscaba el sinónimo heróico, la imagen poética, el sueño épico con el que enmascarar la realidad de como se veía y como se sentía, como una vieja chocha, agotada, cansada, arrugada y desolada al descubrir que se le había escapado el tiempo sin vivirlo y que no había forma de dar marcha atrás.

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One CommentDeja un comentario

  1. La vida pasa siempre, parar el tiempo es imposible. Y siempre acabamos por sentirnos así.

    Hermosísima tristeza,

    Te felicito!


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