La rana y la princesa

24 de julio 2008

La princesa acercó suavemente sus aterciopelados labios a la rana. Cerró los ojos, soñando con un príncipe de anchas espaldas y rubios cabellos. Tan sólo fue tocar los labios y obró el encanto, zasss: la princesa se convirtió en un bello anuro de largas patitas y verdes ojitos.

– Ahora te jodes -pensó la rana- republicana hasta las ancas.

Eternidad

23 de julio 2008

Era ateo, no creía en el más allá, ni en la reencarnación.

– Te amaré siempre -dijo segundos antes de morir, guiñando un ojo a su amada.

Published in: on agosto 11, 2008 at 3:15 pm  Dejar un comentario  
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Ilusión

22 de julio 2008

El náufrago tiró la botella al mar y vivió el resto de su existencia esperando una respuesta. Cada día soñaba que llegaría a algún puerto, leerían su nota de auxilio y le rescatarían de inmediato. Vivió 28 años en aquella isla. Concretamente 28 años, 4 meses y dos días. Con la ilusión de que en algún momento llegara su mensaje. La botella aún vivió más, allí en el fondo, entre los corales. A escasos veinte metros de donde la tiró al llegar a la isla.

Ausencias

21 de julio 2008

No veía pasar las horas para irse a dormir. Con el sol todavía firltrándose por las persianas se metía en la cama. Y soñaba.

Soñaba cuando era feliz. Cuando ella todavía seguía con eĺ. Cuando se amaban. Cuando para él existía una razón por la que vivir, por la que levantarse cada mañana, por la que respirar el aire. Soñaba, que no habían pasado esos cuatro meses, desde que ella le dejó una buena mañana. Aquella fatal mañana en la que encontró al despertarse, junto a la tostadora una pequeña nota: Que seas feliz, yo lo soy. Adiós.

Amaneció

20 de julio 2008

Amaneció tirado en el suelo. Abrió los ojos y el brillo de mediodía le dañó los ojos. Se sentía confuso y no pudo reparar hasta pasados unos segundos que era el teléfono lo que le había despertado. Dejó de sonar y empezó a ser consciente de lo que hacía allí. Tres cajas de Sinogan 25 en el suelo, todos los blister abiertos y una botella de Johny Walker a medias. El teléfono comenzó a sonar de nuevo. Intentó incorporarse, pero le dolía todo el cuerpo. Un olor ácido a vómito derramado por la camisa le revolvió de repente las entrañas. Riiiing, riiiing.

Alargó el brazo y desgarró el teléfono de la base- ¿Si?

– Hola, Miguel?; soy Rosa de la ofi. ¿Estás bien? Como no llegabas me preguntaba si no estarías indispuesto o qué. ¿Te acuerdas que hoy teníamos la reunión con los de la agencia? -no daba oportunidad para la respuesta.

– Sí, ya, Rosa. Lo sé. Me siento algo mal esta mañana. Dile a Juan que tal vez hoy no llegue, que mañana regreso.

– Ok, ¿necesitas algo? En serio, dime si quieres,…

– No Rosa, gracias. Estoy bien. Tan sólo me levanté un poco cansado. Anula las reuniones de hoy para mañana.

Nada más cortar el teléfono no pudo contener un lloro amargo. Como de otra vida.

Mal hombre

19 de julio de 2008

Comenzaba dejando la mente en blanco; o mejor dicho, intentando dejar la mente en blanco. Su cabeza estaba llena de un muchas cosas en las que no le apetecía pensar. Respiraba profundamente, intentando notar la entrada de aire en sus pulmones, manteniendolo un par de segundos y soltánsolo despacio por la nariz. Era la única forma para desprenderse del mundo. Poco a poco iba notando, después de cada respiración, que el mundo se alejaba. Cada vez escuchaba el ruido de la calle más lejano, como en un sueño. Entonces, empezaba a blanquearse la mente. Costaba no dejarse atrapar por alguno de sus recuerdos. Las imágenes podían irrumpir en cualquier momento y romper todo el trabajo hecho. No había que pensar en nada, o, al contrario, pensar en una sóla cosa y no salir de allí.

Él prefería la primera de las opciones: dejar que el blanco absoluto se apoderara de su mente. No había otra forma. Sin ese ejercicio que le llevaba unos cuarenta minutos cada noche podía conciliar el sueño. Sino las imágenes abarrotaban su cabeza. La inundaban. La martilleaban. No le dejaban dormir. Imágenes desgarradoras de muerte, sangre y sufrimiento; legado de atroces guerras. Esa había sido su penitencia. Imágenes que le atormentaban y que gritaban dentro de su cabeza que él había sido un Mal Hombre.

Abrazos

18 de julio 2008

Sabía lo que ocurriría en cuanto la abrazara; siempre pasaba lo mismo. Había probado todo tipo de estrategias amatorias y puesto en práctica los consejos de sus amigos, pero indefectiblemente tras el primera abrazo ellas caían dormidas en la cama poniendo el cierre a cualquier posibilidad de sexo.

Aquella noche, como tantas otras, la observaba dormir a su lado, rendida a un sueño apacible, desnuda, en su cama. Aquella era especialmente guapa: un largo cabello rubio caía desordenado a ambos lados de la almohada y sus pechos aún excitados se intuían bajo las sábanas.

Morfeo imaginaba, una noche más, cómo sería el sexo tras ese primer abrazo.

Published in: on agosto 7, 2008 at 12:33 am  Dejar un comentario  
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Repeticiones

17 de julio de 2008

Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste. Si piensas como siempre pensaste, harás lo que siempre hiciste.

El profesor le había ordenado escribirlo cien veces en la pizarra de clase. Cuando acabó la supercie negra del encerado, hizo una pequeña pausa, leyó una vez más aquel mantra y continuó pintando por las paredes hasta rodear todo el aula.

Telesiesta

16 de julio 2008

La cabeza del pelotón volvía a perder distancia. Como una cinta elástica, la serpiente multicolor, como gustaba llamarla al comentarist, se alargaba y encogía a ratos. Estaba siendo, sin duda, una etapa más bien monótona, sin ningún momento en el que la emoción vibrase, ninguna escapada, ningún puerto de especial dureza.

Miguel Sánchez Bermejo era el único espectador que quedaba despierto a esa hora, las cuatro diecisiete de un veintitantos de julio. Todos habían ido cayendo, uno tras otro, en el salón de sus casas bajo un calor que en aquellas alturas del año invitaban al siesteo. Don Miguel cabeceaba, con los restos del café sólo todavía sobre la mesa. Llevaba veinte minutos, desde que empezara la carrera, en un tira y afloja con el sueño. En el kilómetro cuarenta y tres doscientos, definitivamente, se dejó abrazar por Morfeo.

El comentarista de la carrera comenzó a bajar el tono de la narración. Pausadamente. Parecía como si el mundo se hubiera ralentizado y todo hubiera perdido el fuelle. “El perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Ramíres se lo ha cortado”. Siempre utilizaba aquella estúpida frase para cerciorarse de que ya nadie estaba despierto.

– Chicos, ya cayó. Descanso de quince minutos. -se le oyó decir en mitad del relato de la carrera.

En la pantalla los corredores iban apartándose en los arcenes de la carretera. Las moto y coches de apoyo también echaban el freno y sus ocupantes salían a estirar las piernas. De los maleteros iban sacando toallas que desplegaban a la sombra. Unos dormían, otros continuaban la partida de cartas interrumpida la jornada anterior. Los menos echaban un trago o un pis tras los arbustos. La pesadez de la siesta veraniega se derramaba con toda su intensidad, como cada tarde en el tour.

Fueron apenas quince minutos. Hasta que en otro punto de la geografía se despertón un telespectador. Julián Moreno Pérez despertaba de un letargo de media hora en el apartamento de la playa.

– Despiertan por Alicante. Todos a sus puestos; cinco y entramos -narraba con tono de megafonía de grandes almacenes el mismo locutor. La pantalla cambiaba por unos segundos a fotofija con subtítulos: Está usted viendo la decimotercera etapa del tour de Francia 2008. Al volver a la cámara de la moto 1 los corredores seguían avanzando impasibles la marcha.

-Kilómetro cuarenta y tres y medio y el pelotón avanza homogéneo – se escuchaba al locutor, con aire adormecido, continuar su relato.

Lucky Marilyn

15 de julio 2008

Le llamaban Marilyn. Rubia, metro sesenta y nueve y unas piernas de locura. Frente al espejo de aquella habitación de hotel se arreglaba el pelo, pasando el cepillo suvemente de principio a fin. Le encantaba cómo le caía ligeramente sobre los hombros. Arreglaba la onda que le hacía en el flequillo y se ajustaba la gargantilla, regalo de su último admirador, de la que colgaba un precioso cristal. Sujetaba la joya con orgullo, como la pieza de un cazador. Diamonds are the best girl friend, susurraba entre dientes.

Estaba cansada; realmente cansada. Había sido un día duro, con cuatro salidas consecutivas. La verdad es que desde hacía varias semanas su popularidad había aumentado de forma sorprendente. Desde la aparición de aquel breve en el periódico -“La ambición rubia”- y el cambio de su nombre artístico por Marilyn, el trabajo no hacía más que crecer. Y ella sabía que tenía que aprovechar aquel tirón; hacer todo el dinero que pudiera, ahorrar, no gastar mucho. Ya vendrían los años de vacas flacas. Aunque, a decir verdad, también los gastos se habían disparado en las últimas semanas. Pero tenía que estar a la altura de las circunstancias. El glamour no es gratis, se repetía, como excusa;la última semana había gastado en ropa casi la mitad de lo que había ingresado.

Aquella noche ya había hecho un cambio. Lucía un precioso valentino rojo con un amplio escote que dejaba asomar su piedrecilla facetada. En el espejo, unos toques de maquillaje que tenían más de rito que de necesidad, y de nuevo preparada para actuar. Un taxi le esperaba en la puerta del hotel.

– A Rubén Darío. -le indicó sin más presentación.

– ¿Miguel Ángel? -apuntó el taxista, mirando de reojo por el retrovisor.

Había movimiento aquella noche en Madrid. Ocurría siempre en los comienzos de mes y la calle estaba casi vacía de compañeras. Como siempre, la Deborah, en la esquina.

– ¿Qué tal?,… Muy pronto vuelves -le espetó con cierta ironía nada más verla bajar del taxi.

– Ni las bragas me he bajado; una mamadita y el viejo se ha ido en menos de dos minutos. -respondía la Marilyn, mientras giñaba el ojo a un grupo de adolescentes que cruzaban en un todoterreno.

– Suerte tienes, maricón.

Fechas

14 de julio 2008

Sabía que no era 14 de julio sino 5 de agosto. 22 días de diferencia, qué más da.

Pensó que era 14 de julio y no 5 de agosto. 22 días de diferencia. Casi nada.

Quiso que fuera 14 de julio y no 5 de agosto. 22 días de diferencia, pero no podía ser.

Soñó que era 14 de julio y no 5 de agosto. 22 día de diferencia, y no pudo seguir.

Hola

13 de julio 2008

-Hola, ya llegué. -dijo inflando bien el pecho.

-¿Qué tal?, ya estoy aquí, -insistió, mirando de reojo a ambos lados.

– Bueno, pues eso, que ya he vuelto, -bajó un poco el volumen.

Dos toses forzadas, coff, coff, retornaban de vuelta en la soledad, coff,coff.

Se sentó en el suelo y sibó, fíííííííííííííííí. Como si nada ocurriese, fiiiifuuuufiiiiiii.

-De vuelta -se dijo en bajito- aquí, ya estamos.

Toc, toc, toc,… toc, toc, toc, repiqueteaban los dedos en el suelo.

Blanco infinito.

– Hoooooola -cantaba con una sonrisa medio infantil que ocultaba un Séqueestáisahí.