Paralelas IV y final

30 de mayo 2008

Salía con Tarugo como otras noches, a dar un paseo. Viernes noche y San Ildefonso a tope. No escuchaba la calle, los auriculares me aislaban de mi alrededor en ese momento, aunque podía ver gente corriendo de arriba abajo, sentada en la terraza de la plaza, supongo charlando, riendo, comentando lo que había sido el día, sus planes o los problemas con su pareja. Como esos momentos en las películas en los que la cámara va describiendo un largo travelling mientras suena el tema central de la banda sonora. Para mí , en esos momentos la banda me la ponía la radio con los Secretos y A tu lado. Mi cabeza daba vueltas a historias paralelas.

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Paralelas III

29 de mayo 2008

Desde que perdió a Marga se había abandonado por completo. Había vuelto a recaer y su aspecto no podía ser más malo. Se había quedado casi sin voz en el último concierto de 40. Preparaba nuevo disco.

Una canción de Enrique en la radio parecía recordarle que no era de los que peor le habían ido. Al menos él había llegado a los ciencuenta.

Paralelas II

28 de mayo 2008

Acababa de salir del Hong. Conducía sólo por la Radial 5 a punto de cruzar la M50 destino a Fuenlabrada. Había bebido tal vez demasiado para la hora que era, apenas las once. Se despedían del Richard, después de toda la tarde en el tanatorio. Y era una despedida definitiva. Al Richard acababan de enterrarlo, con 19 años, aquella misma tarde. Nadie se lo podía creer. Todos habían estado en aquella fiesta en la que el Richard había tomado nosequé que se lo levó al otro barrio; posiblemente les vendieron algo adulterado, o algo muy puro, o se metió en exceso. De cualquier forma de nada valía ya buscar la causa, el Richard descansaba donde fuera que estuviera en ese momento. Por eso esa tarde la despedida había estado bien cargada de alcohol, para olvidar, para no pensar.

No escuchaba la radio encendida a todo volumen en el coche. Estaba a punto de tomar el desvío a la M50 y casi le era imposible distinguir las líneas de la carretera. Las luces de los demás coche le dejaban cegado y perdía la visión durante unos segundos. Fue tan solo un instante, y el coche empezó a girar dando vueltas y vueltas por el arcén hasta terminar empotrándose en la valla que recomendaba reducción de velocidad.

“Ayúdame y te habré ayudado, que hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado.” cantaban en la radio segundo antes de encontrarse con el Richard.

Paralelas I

27 de mayo 2008

Despedía el programa de esa noche, tres horas de radio fórmula como cada noche; tres minutos para el cambio de turno.

“He roto todos mis poemas, los de tristezas y de penas,…”

– Pues hay que vivir la vida plenamente, y no dejar que se te escape entre los dedos -Enlzaba con la letra de la canción anterior.

Se llamaba Marta y llevaba trabajando en la radio, en el mismo horario en los últimos tres años. Un canción tras otra. Un éxito, un recuerdo. Presnetaba, enlazaba y despedía la siguiente. Lo hacía casi de forma automática, cuadrando enradillas de las canciones. Tres horas al día daban habilidades.

Intentaba estar positiva, simpática, tal vez un poco acelerada en ocasiones. Por dentro estaba destrozada. No podía más, después de las últimas dos semanas. Mientras cargaba la siguiente canción, preparaba jingles y publicidad, lloraba. Dos minutos y medio y volvía a ser la Marta feliz, locutora de radio.

“Ayúdame y te habré ayudado, que hoy he soñado en otra vida, en otro mundo, pero a tu lado.”, sonaba en antena, mientras ella se sonaba los mocos.

Sombrerero loco

26 de mayo 2008

Estaba dispuesto a hacerlo. Por una manga de su camisa introduciría optimismo y por la otra sacaría pesimismo. La imagen del sombrerero loco, con Alicia tomando un té disertando sobre fiestas de no-cumpleaños le venía de repente a la mente. Y él, como el loco del sombrero absorviendo cosas buenas por un extremo y soltando todas aquellas que le traían mal rollo por el otro. Un giro a su vida: positivismo, positivismo y no dejar acercarse, si quiera, las que le hicieran sufrir, las grises, las oscuras. El mundo en color, como actitud vital. Si, es cierto, no había, al margen del país de las maravillas, ley física que sustentase tal teoría, pero pensaba que había otras cosas en el mundo igual de absurdas y sin embargo funcionaban. Él, al menos, lo iba a intentar.

Amigos

25 de mayo 2008

Hablaban de chicas, de sus últimas conquistas y sus planes para la noche. Pura fantasía cargada de hormonas. De coches y los nuevos tuneos que había hecho el Micky al Ibiza, de la música del garito al que iban esa noche y del coñazo del curro.

Los tres amigos charlaban de sus cosas mientras salían del coche en Costa Polvoranca -polígono de marcha en Alcorcón- el sábado noche. Su pasado no contaba, el presente era esa noche y el futuro para ellos era el plan de verano. Tenían 18 y eran amigos desde los 8, cuando coincidieron en el cole del barrio. Ellos no lo sabían, pero ninguno llegarían a cumplir los 20. Uno moriría por una sobredosis, de la forma más tonta en una fiesta con un algo demasiado puro; otro con el coche, volviendo a casa en una noche de fiesta; el tercero en la obra, como tantos otros, por falta de seguridad. Pero esa noche de marcha poligonera en Alcorcón no lo sabían. Para ellos el futuro era lo que se encontrarían esa noche en el Hong.

Góticos

24 de mayo 2008

Había dejado su música de Angels&Agony, de Animal Alpha y de Rabia Sorda en casa. Había dejado toda su ropa negra: su casaca satanic de terciopelo elástico, sus pantalones de vinilo y cremalleras, su cinturón de tachuelas, sus gargantillas, muñequeras y colgantes, su blanco maquillaje facial y hasta las lentillas de ojos de serpiente.

La verdad es que así, sin ropa, bajo el sol y en la playa no tenía mucha pinta de gótico y seguro perdía ese pálido tono de piel que había conseguido mantener durante dos años. ¿Qué dirían sus colegas si lo veían así? Un gótico es un gótico siempre; no es sólo un disfraz, es algo interior. Sería la comidilla en el Moscow, el pub gótico donde se reunían los fines de semana.  

Lo sabía, pero se sentía bien. Por primera vez en los últimos dos años se sentía vivo. Tremendamente vivo. En la playa y con aquel ridículo bañador de florecillas.

Published in: on mayo 25, 2008 at 9:29 am  Dejar un comentario  
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Amigas

23 de mayo 2008

-Pues chica, hay alguna que te pilla así de jevi sin saber por dónde vino. -En la despedida hablaban de depresiones, después de una tarde juntas.

Eran amigas de toda la vida y salían a pasear, ellas solas, los jueves por la tarde. Hablaban ,entre otras cosas, de depresiones, psicólogos, tratamientos, ansiedad,… Y siempre en tercera persona: lo que le ocurrió a la nuera de mi vecina, a la hermana de la del quinto, o a una amiga de una amiga de una amiga. Las dos sabían que era una forma de hablar.

Subían por Gran Vía, mientras veían algún que otro escaparate con moda primavera, hablando de neurotransmisores, serotonina y linfocitos. A su manera.

– Chica que se te quedan pelás de hormona las células y ahí te vienes abajo. -argumentaba una de ella.

Habían estado en el Rodilla tomando un sandwich de queso con tomate mientras comentaban lo de la Sole: trsiteza, decaimiento, irritabilidad -hacían un repaso de los síntomas clásicos- , depresión endógena sin duda, concluían, como si hablase su psicoterapeuta.

Y terminaban minutos antes de la despedida con farmacología, como si hablasen de recetas de cocina.

-Dicen que la venlafaxina va muy bien, aunque como la reboxetina o la fluxetina de toda la vida no hay nada.

Las dos sabáin lo que no decían. Las dos sabían que ambas habían estado en tratamiento, que llevaban más de cuatro recaídas, dos bajas laborales y un intento de suicidido. Las dos sabían que estaban saliendo de lo más difícil, después de semanas de tratamiento. Las dos sabían que el hablar en tercera persona era una formalidad que habían inventado hacía años. Las dos se marcharían a sus casas, reventadas de andar y de hablar. Y las dos, antes de meterse en la cama, se tomarían media de Prozac, por si acaso.

Published in: on mayo 25, 2008 at 8:58 am  Dejar un comentario  
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Declaración

22 de mayo 2008

“Todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, había escrito el profesor aquella mañana en la pizarra.

Por más que le daba vueltas, el pequeño Daniel, no encontraba el sentido a la frase.

Sin papeles

21 de mayo 2008

Se le olvidó el papel. En la mitad de la película. No le había ocurrido antes pero se quedó completamente en blanco: estaba en la mitad de un parlamento y pensó ¿qué estoy diciendo? Hasta ese momento repetía, casi sin pensar lo que estaba escrito, el guión establecido. Pero fue intentar encontrar sentido a lo que hacía y su mente se quedó en blanco. Y no sólamente el papel suyo, perdió la noción de los personajes que le rodeaban, quiénes eran y qué les relacionaba con él. No sabía quien era ni lo que hacía allí en la mitad. Se olvidó de todo, incluso de que él no era actor y que aquello no era una película.

Opresión

20 de mayo 2008

Notaba como el mundo se estrechaba. No era una sensación mental, el mundo realmente se estaba estrechando y nadie parecía darse cuenta. La primera vez que se fijó en que algo ocurría paseaba por la calle y notó como el balcón de una casa le empujaba en la manga de la chaqueta. Cualquiera no le hubiera dado más importancia pero él era distinto. Empezó a hacer seguimiento cada día, iba midiendo cada mañana el espacio entre ls árboles y la calle, entre ésta y las bocas de riego, entre las bocas y las alcantarillas, el ancho y largo de cada uno de los adoquines de la plaza. No había duda: cada vez el espacio era menos, y no sólo eran las calles todos los espacios, el metro, las cabinas de teléfono, todo lo que existía menguar. En las calles podía tocar ya las paredes de las casas stuadas a ambas aceras con sólo alargar los brazos y en su casa las paredes se juntaban de forma que los espacios se deformaban hasta el límite: desapareció el baño y la cocina y el salón era ya poco más de una caja de cerillas. Todo estaba desapareciendo y la gente no se daba cuenta. Daba dos pasos y cuando se volvía descubría que una pared casi le rasgaba la nuca. Buscaba espacios abiertos para evitar la sensación de opresión, pero no había lugar que escapase del fenómeno.

La situación iba a más y su mundo cada vez se concentraba en menos, hasta que todo formó un pequeño puntito de luz que se fue estrechando hasta tanbién desaparecer.

Cuando ya no había nada, despertó súbitamente. Nada más abrir los ojos cuando se dio cuena que todo… no había sido un sueño.

Crueles

19 de mayo 2008

¡O monja o puta!, ¡O monja o puta! -le gritaban los niños en el colegio.

La frase le persigió toda la vida. Se llamaba María Magdalena Luz Divina Santos, por una de esas decisiones absurdas de unir los nombres de las abuelas en la nieta. La frase le pesaba como una losa. Y más le iba a pesar a lo largo de su vida. Aquellos fueron tal vez los peores, los del colegio, con una clase de niños tan dulces como crueles. “O monja o puta”, la frase le acompañó durante su niñez y adolescencia como unmantra que le marcaba los únicos caminos.

Y tuvo que decidir qué hacer con su vida. Élla, María Magdalena Luz Divina Santos, terminó aprobando unas oposicioes para trabajar como profesora en el mismo colegio de primaria en el que había pasado toda su infancia.

Published in: on mayo 23, 2008 at 12:04 am  Comments (1)  
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Seaheaven

18 de mayo 2008

Si, ya se que no es una idea muy original y que hay mucha gente que lo ha pensado algua vez: creo que vivo dentro de una peli. Pero es que yo estoy seguro. Paseo por la calle y de vez en cuando veo el cartón de los decorados y cómo la gente interpreta sus papeles sólo delante de mi. El otro día me dí una vuelta rápido para ver lo que ocurría a mis espaldas -lo hago bastante- y les pillé: allí estaban aquellas dos chicas paradas justo después de haberse cruzado conmigo un instante antes en bicicleta. Y las sorprendía paradas  a tan solo cinco metros observando cómo yo seguía con mi paso, y esperando, tal vez,  nuevas indicaciones para actuar. Otras veces me doy cuenta -cuando sabes el engaño no es difícil- que mucha de la gente con la que me cruzo es repetida, vamos que primero veo a un señor de bigote en la pescadería y luego me lo encuentro en el bar de un poco más arriba tomando un café. Al mismo. Algunas veces le quitan el bigote y le ponen gafas.

Y la verdad es que me gustaría conocer al director de todo esto, porque no se que esperan de mi. Llevo una vida más bien mediocre, no tengo trabajo y mi novia me abandonó hace unos meses. Mi casa es una mierda, pequeña, sin luz, sucia y salvo pasear de arriba a abajo, sin mucha lógica, poco más hago en el día. Vamos, que si yo fuera el espectador de mi vida cambiaría rápido de canal.

Por eso ayer pensé en suicidarme, pero en el último momento tiré las pastillas por el váter; no se, me da palo dejar a tanta gente en el paro.

Santa Isidra

17 de mayo 2008

Contemplaba, sin entender muy bien lo que ocurría, cómo su nieto César pintaba aquel graffiti en la pared del centro okupado. Se llamaba Isabel y tenía 84 años. Chulapos queer y chulapas con mantones comprdos en el chino bailaban a ritmo de Rafaela Carrá en aquella nave en ruinas de Legazpi. La verbena transmariboyera ponía contrapunto a las casposas fiestas de la capital.

-Vámonos al baile abuela -le había dicho, cuando la sacó esa tarde de la residencia. Se había puesto un pañuelo blanco, un clavel en la cabeza y su mantón de Manila bordado a mano, como en los viejos tiempos. En una mano sostenía una litrona y en la otra el abanico.

Simrad

16 de mayo 2008

Intentaba repetir mentalmente las cinco palabras del Simrad, los cinco nombres que no podían escribirse, que la protegían contra la negatividad. Su repetición constante formaba un escudo que protegía la mente de las impresiones negativas provenientes del ambiente y la purificarían . El alma comenzaba a despertar, había dicho el Maestro durante la conferencia de esa tarde sobre meditación en la luz y sonido interno en el hotel Suites Viena. Intentaba practicar las enseñanzas del maestro Pepe Albarracín, discípulo del gran Sant Baljit Singh, pero el ruido de la calle a esa hora le impedía concentrarse. Repetía una y otra vez las cinco palabras para alejar la negatividad, pero empezaba a enojarle el barullo de la calle y los contínuos tropiezos con la gente que subía por Fuencarral a toda prisa. Una y otra vez volvía a intentarlo, concentrándose en as enseñanzas que acababa de recibir, pero no lo conseguía.

Mejor, pensó, dejar la medtación para otro momento. Además, o se daba prisa o le cerraban ya el Woman Secret.

Elección

15 de mayo 2008

Acababan de encargarle un libro hacía unos días. Tenía siete meses por delante hasta la fecha de entrega, aunque tenía que presentar el primer capítulo en un par de semanas. Sabía que no tenía mucho tiempo que perder y que debía ponerse a trabajar si quería tener listas sinopsis, índice y un primer borrador, pero aquella hoja le tentaba. La había encontrado en el buzón esa misma mañana: ¡Hola, esto no es publicidad! Te hemos seleccionado al azar junto con otras 299 personas. La idea es que nos escribas lo que te de la gana… Lo que nos envíes será publicado en un nuevo proyecto editorial del que tendrás noticias pronto… Aunque no te conocemos tenemos muchas ganas de contar contigo. ¡Un saludo!

Y se puso a escribir.

Caos

14 de mayo 2008

Llevaba más de dos semanas lloviendo en Madrid. Después de uno de los inviernos más secos que se recordaban, titulaban los periódicos, mayo no había parado de traer lluvia a la capital. En Nueva York una ola de calor mantenía en jaque a la población desacostumbrada a esas temperaturas en primavera.

Un mariposa aleteaba con una sonrisa pícara en Pekín.

Crecer

13 de mayo 2008

Llevaba esa mochila colgada a la espalda desde los ocho y estaba a punto de cumplir trece. No sabía por qué se aferraba a ella pero sentía que era ya parte de su piel. Decenas de veces su madre la había tirado, sin éxito, a la basura. Siempre volvía a aparecer. Tenía heridas de guerra, medallas y algún otro recuerdo en forma de escritos a boli azul que no dejaban virgen ni un sólo centímetro de tela original. La mochila había pasado cinco cursos, cuatro veranos en la playa y alguna fiesta con los amigos.

Sentía que algo estaba ocurriendo; en los últimos días no paraba de tener broncas con su padre, había una nueva chica a la que había echado un ojo y dos días antes había peleado, a puñetazo limpio, con el que había sido su mejor amigo. Pero no era sólo externamente; podía notar que su cuerpo experimentaba algo nuevo que no sabía bien definir.

Volvía a casa, como cada tarde, atravesando el parque antes de tomar la avenida y sin saber por qué, sacó lo que llevaba dentro, tomó la mochila por una de las correas y la lanzó por el aire hasta una de las papeleras.

Un sapo en el bolso

12 de mayo 2008

Llevaba un sapo en el bolso. Puede parecer extraño pero ella llevaba desde hacía meses un sapo verde en su bolso. Y él había aprendido a vivir en tan extraño entorno -un bolso de piel marrón con infinidad de bolsillos interiores- como se acostumbran los peces a las peceras de cristal o los canarios a esas jaulas de palitos metálicos. Ella también se acostumbró a llevar el bicho -no tenía nombre- colgado en el hombro donde fuera que fuese, como quien lleva al perro con una correa de paseo.

El otro día, paseando por Sol, le dieron un tirón y se lo robaron.

Published in: on mayo 16, 2008 at 12:06 am  Dejar un comentario  
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Homeless

11 de mayo 2008

Sabía que era asquerosamente frívolo, pero fue lo primero en lo que pensó al ver el brazo de aquel joven vagabundo, casi un crío, tirado sobre un banco en las puertas de la Gare du Nord. Su antebrazo estaba repleto de cortes que bien podían haber sido cicatrices de algún episodio vivido antes de llegar a la ciudad o simplemente el recuerdo de un ajuste de cuentas entre macarras en las calles de París. Le cubrían todo el brazo como rojos latigazos. Lo primero que le vino a su cabeza de marchante de arte contemporaneo al verlo fue Palazuelo.

Último aliento

10 de mayo 2008

Si, es cierto, tal vez había visto demasidas veces la escena de alguien morirse en el cine. Y, de alguna forma, esperaba ese instante, en el que ella le dejase una frase que recordase de por vida. En las películas siempre el protagonista moría después de haber expresado unas últimas voluntades, haber descubierto un secreto de familia guardado durante muchos años o haber dejado en el aire un último discurso o una projunda reflexión vital.

Ella llevaba más de un año en cama; desahuciada por los médicos desde que el tumor se extendió y ya la quimio no hacía efecto. Había tenido tiempo, sin duda, para preparar unas últimas palabras. Al menos, eso pensaba Ramón, su marido, que la acompañaba desde que las cosas se habían puesto difíciles y necesitaba de ayuda hasta para realizar los movimientos más simples.

Pero se fue de la manera más tonta. Quería quitarse esa última imagen de la memoria, pero no podía. Hubiera preferido conservar un último recuerdo más acorde con lo que ella había sido en vida. La vista perdida en el techo de la habitación y ese extraño sonido gutural, como un último aliento de vida, le martilleaban la cabeza. Era lo último que conservaba de ella.

Published in: on mayo 13, 2008 at 12:09 am  Comments (1)  
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París

9 de mayo 2008

Hacía calor aquella noche de mayo en París. La rue Pierre Senard, tranquila, como era costumbre a esa hora; tal vez el eco de alguna conversación lejana en alguna ventana de la típica casa estilo Haussman -molduras, chimenea y madera. Estaba en el ático, en la tumbona, disfrutando de una noche de estrellas impresionante.

El día había sido largo, fabulosaente largo para pasear por la orilla del Sena, por las islas de la ciudad y San Luis y para disfrutar por la tarde de una sesión de arte moderno en el Pompidou. Intentaba respirar la grandeza de aquella ciudad, la opulencia exquisita de aquella ciudad de galletas de lavanda y violeta; cerrar los ojos y respirar el aire aterciopelado de la primavera parisina. Envolvía su cabeza en gasas y sedas para no pensar en que al día siguiente había prometido a los niños visitar Eurodisney.

Published in: on mayo 12, 2008 at 11:58 pm  Dejar un comentario  
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Intercambios

8 de mayo 2008

Habían hecho un intercambio de casas: la casa de Madrid por la de París. No se conocían de nada, tan sólo unas referencias a través de la web en la que ambas ponían las fotos de sus apartamentos, sus preferencias y fechas disponibles para el intercambio. Una se llamaba Anne y la otra Susana. Ambas casas compartían, tal vez, lo que llamaban estilo Bobó: una mezcla de aire bohemio y burgués, con elementos rústicos y reliquias de viajes realizados. A Susana le gustaban las flores y su casa de Madrid estaba llena de ellas: naturales, en maceta, en jarrones, secas o pintadas. A Anne le gustaban los objetos orientales: farolillos, cuadros, inciensos y platillos. Y fue justo eso, lo diferente, lo que a cada una le enamoró de la otra casa cuando hicieron el intercambio.

No lo tenían planeado. Es más, nunca antes se les hubiera pasado por la cabeza tal idea, pero surgió. Al mismo tiempo, separadas por miles de kilómetros, decidieron cambiar sus vidas: Anne sería Susana y Susana Anne. No tuvieron que decirse nada. El día en el que ambas tenían que regresar a sus hogares, sencillamente no lo hicieron y empezaron a vivir la vida de la otra. Susana se dedicaría a la escritura para una revista de moda francesa y Anne al diseño de interiores. Y fue sencillo; unas cuantas excusas a los amigos y en unas semanas todo funcionaba como si siempre hubiera sido así. Fueron más de ocho meses en los que cada una consiguió hacerse con las costumbres, gustos y gestos cotidianos de la otra. Vivían felices con esa segunda vida; se sentían cómodas viviendo en una piel prestada.

Todo hubiera ido bien si no hubiera ocurrido aquello: Anne empezó a colocar farolillos en la casa de Madrid y Susana compró macetas para los balcones de la casa de París.

Published in: on mayo 12, 2008 at 11:56 pm  Dejar un comentario  
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Inspiración

7 de mayo 2008

Dejó de escribir justo el día en que llegó a París. Se había creado grandes expectativas de escribir sin parar en las Tullerías, en los campos de Marte, viendo correr el Sena desde el puente des Arts o junto a los viñedos de Montmatre que no podía encontrar explicación a aquel blanco creativo.

Fue regresar a Madrid y necesitar sentarse de nuevo en su portátil.

Published in: on mayo 12, 2008 at 11:52 pm  Dejar un comentario  
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Destino

6 de mayo 2008

Él saludaría al entrar en casa- ¿Qué tal? -y le daría un beso en la mejilla.

– Bien, preparando algo para cenar ¿te preparo algo? Me hacía un sandwich, estoy agotada.

– Bueno, tomaría uno igual. Me ducho y te acompaño. ¿Qué tal fue el día?

– Como todos. Un horror. Siete visitas,una casa apalabrada y se ha caído una venta que cerré la semana pasada. La crisis parece que hace mella en el sector -respondería ella sin levantar la mirada de las dos rebanadas que untaba con mayonesa- ¿Y tú?

– De nuevo bronca con el jefe; está de los nervios desde que se conoció la noticia de la fusión; parece que él está de los primeros en la lista de despidos de la nueva dirección. Al margen de eso todo bien. Por cierto ¿llamaste a los del seguro? -le preguntaría él mientras se iba desabrochando la corbata.

– Llamé, pero dicen que tardarán un par de días en venir a tasar los daños. No hay forma de hacerlo antes.

– Bueno, me meto en la ducha. Salgo en cinco minutos.

La cena, dos sandwiches de queso, rúcula y mayonesa, mientras echaban un ojo al nuevo reallity de moda en la tele. Varios comentarios al respecto del trabajo y a un encuentro con una antigua amiga del cole, mientras hacía unas compras en el centro comercial al lado de su trabajo.

Por la noche, sexo tibio y siete horas de sueño, hasta las siete y media que sonaría el despertador como cada mañana.

Nada diferente al resto de los días. Pura normalidad. Vida en pareja. Aunque los dos sabían lo que no decían.

Sabían que a las dos semanas ella llegaría a casa y en vez de una propuesta de cena le plantaría, sin previo aviso, su propuesta de divorcio, sin dar más rodeos. Él la aceptaría sin pedir más explicaiones.

Published in: on mayo 7, 2008 at 12:19 am  Comments (1)  
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Homenaje a Stephen King

5 de mayo 2008

Había pasado más de un año de su desaparición. Y ahi estaba. Mi Ipod nano. Sobre la mesa del escritorio, como si no hubiera pasado nada. Después de mis búsquedas, de haber revuelto media casa buscándolo, de haber preguntado a familia, compañeros y desconocidos por él. Después de haber llorado su ausencia y haber cubierto su vacío por un nuevo Zen.

Lo agarré e instintivamente le di al play. No me podía creer lo que escuchaba: la discografía completa de Charlie Parker. Puedo jurar que yo nunca las cargué. Es más odio a Parker y jamás me hubiera grabado ni una sola de sus canciones. No pude evitar pensar en la rebelión de las máquinas.

Pero lo acepté; acepté su libetad, su vida y sus gustos. No le pedí más explicaciones.

De peluqueras y humores

4 de mayo 2008

¡Ay la negra, siempre de mal humor!, le espetaba la clienta ante las malas formas de la negra. La peluquera negra. La peluquera negra que se negaba a hacerle el color a las ocho quince de la noche.

– Mire señora que ya a esta hora ni cogemos, que estamos a punto de cerrar y que hacerle un color -quería decir dar un tinte al pelo para cubrir las canas- lleva su hora y media, y que ya estamos saliendo a las diez y mañana tengo que estar de nuevo a las diez aquí.

-Pues no pongan que cogen hasta las ocho y media en la puerta. Menudo timo -replicaba la clienta.

La negra, la peluquera negra, la peluquera negra que se negaba a hacerle el color a la clienta rubia no era negra, era cubana y se llamaba Alessia. Alessia es cierto, no estaba de muy buen humor esa tarde. Había entrado en la pelu a las nueve de la mañana y se temía salir no antes de las diez y media. Había estado junto con la otra chica todo el día sola. Dos compañeras estaban de baja -tendinitis y depresión- y una tercera de descanso, y a esa hora podían haber atendido a más de sesenta clientas. Estaba agotada, es cierto, pero lo que peor llevaba era perder el precioso tiempo que dedicaba cada noche al master. Alessia, cubana, de 28 años, ingeniera agrícola por la Universidad Agraria de la Habana, estudiaba por las noches para sacar el master en Tecnología y Gestión de Calidad de Industrias agroalimentarias. Por el día, entre las nueve de la mañana y las diez de la noche trabajaba en la peluquería para pagarse una especialización en Europa. Y si, al margen de todo, la negra, la peluquera negra, la peluquera negra cubana, futura master, tenía un humor de perros.

Dar cera

3 de mayo 2008

Dar cera, pulir cera; dar cera, pulir cera; dar cera, pulir cera,…

No tenía ni idea de artes marciales, ni sabía quién era  Miyagui ni Ralph Macchio. No había ni remotamente escuchado quien era Avildsen ni sabía cómo era California. No, definitivamente ella no era Katate Kid, sino Frasquita, la Frasqui, o simplemente la chacha de las escaleras. No había practicado en su vida la postura de la grulla, pero fregar aquellas escaleras, nueve pisos, cada mañana, estaba acabando con sus huesos de vieja.

 

Published in: on mayo 4, 2008 at 8:40 pm  Dejar un comentario  
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Globos de colores

2 de mayo 2008

El cielo estaba cada vez más cargado de nubes, y eso no era buena señal. Tal vez otro día hubiera sido una bendición pero un cielo así no era muy bueno si uno quería dejarse llevar hasta las alturas atado a un millar de globos. Y ese era el plan. Adelir de Carli, cura, de 42 años, sabía que no había vuelta atrás. Tenía que hacerlo si quería ganar el record. Y no por pura vanidad ni por ser el cura más estrafalario del planeta, que en cierta forma lo era, sino porque quería sacar algo de dinero para montar un proyecto de ayuda a los camioneros que llegaban al estado de Paranagua. Toda su ilusión puesta en esa prueba para así hacer llegar, además, la voz de los más necesitados más allá de su aldea, de su estado, tal vez de su gran país.

Parecía una verbena aquella mañana la gran esplanada desde donde el cura iba a despegar. Miles de globos de colores iba engordando uno a uno formando un inmenso racimo que luchaba por partir. Las televisiones habían llegado desde distintas partes del país para ver su hazaña. Incluso había visto algún cámara extranjero.

Su principal enemigo esa mañana era el tiempo; no era el mejor pero había que lanzarse. Disponía de un pequeño sillón bajo los globos donde se encontraría atado en unos minutos. Unas barritas de cereales, algo de agua, y un Gps que nadie le había enseñado a utilizar. A las doce en punto del domingo, tras oficiar una pequeña misa en la que habló de los derechos de los camioneros de la zona y del proyecto ascendió arrastrado por los globos de colores. Mil. Llenos de helio. Conforme ascendía los globos se iban convirtiendo en pequeños puntitos rojos, azules o verdes sobre un cielo cada vez más gris, arrastrando a Adelir a las alturas.

Dos días después la noticia daba la vuelta al mundo: un cura brasileño perdido cuando intentaba alcanzar un record de vuelo atado a mil globos. Ni las fuerzas de seguridad de los estados vecinos ni los helicópteros del ejército pudieron encontrar rastro. Miles de plegarias por su aparición. Un grupo de globos desinflados flotaba en el océano a la deriva.

Cuatro dias prolongaron la búsqueda sin éxito. A esas horas él, Adelir de Carli, adalid de causas difíciles, defensor de camioneros, hombre valeinte, cura y piloto de globos, se encontraba discutiendo con su jefe. Mucho más arriba.

Ataque al corazón

1 de mayo 2008

Era un dolor agudo en el pecho. A la izquierda. Le obsesionaba desde que lo leyó en Internet: el ataque al corazón comienza con un agudo dolor en el lado izquierdo del pecho, a la altura del corazón. Dolor en el pecho con una intensidad que aumenta. Piel sudorosa, fría, pegajosa y, o pálida. Falta de respiración. Náusea o vómito. Cansancio o debilidad inexplicables. Pulso rápido o irregular. Había leído todos los síntomas y hacía el recorrido mental por ellos mientras bajaba con el perro por la calle de la Madera: dolor o opresión en el pecho que dura más de unos minutos.  Aumento de la frecuencia cardíaca. Los tenía todos. Bueno, todos menos uno: Sensación de muerte inminente. Nunca supo qué querían decir con sensación de muerte inminente; ¿sería lo del tunel y ver tu vida correr como en una peli rebobinando?. Eso no puede ser un síntoma, pensó.

De cualquier forma estaba seguro que sufría un ataque al corazón. Solía llevar siempre en el bolsillo una aspirina para echarse bajo la lengua al primer síntoma. ¡Te pude salvar la vida! le había dicho un médico amigo. Pero la había olvidado en casa; había salido sólo a sacar al perro y comprar el periódico y no había tomado precauciones.

Apretaba el móvil en el bolsillo, premarcando el número de casa. Pensaba si le daría tiempo en el caso de un ataque repentino, de llamar a casa, hablar con su mujer y transmitirle la alrma. Pensaba cuál debería ser el mensaje para hacerlo corto, directo y dando las coordenadas de donde se encontraba. El dedo preparado para pulsar sobre la tecla verde. El dolor en el pecho cada vez más intenso.

Era el tercero que sufría esa semana. Bueno, para ser correctos diremos que era el tercer falso ataque al corazón que le daba en los últimos cinco días. Empezaba a repetirse con frecuencia. El dolor que siempre le daba a la mañana siguiente de haberse quedado dormido en el sofá, medio retorcido, con el portátil encima tratando de escribir.

Published in: on mayo 1, 2008 at 11:32 pm  Dejar un comentario  
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