Tacones y flores rojas

 31 de marzo 2008

Repiqueteaban sobre la fría acera produciendo un eco en el trozo de calle que unía la Corredera con la boca de metro. Se oían. Y ella lo sabía. Tac, tac, tac, tac. Y le gustaba. Era su forma de decir aqúí estoy yo y la calle me pertenece. O a mis tacones.

Se había acostumbrado tanto a ellos que se le hacía imposible andar en plano, sin esa especie de delicioso altar que la elevaba del suelo hasta el metro setenta. Y no era algo sólo físico, la alzaba interiormente. Se calzaba su aguja de diez centímetros y ya no había hombre que pudiera hecerle frente.

había psado más de tres cuartos de hora eligiendo qué ponerse esa mañana. Pero, ¿qué menos se puede esperar de una secretaria de dirección? se decía, que estar impecable todos los días. Sin excepción. Ni un sólo descuido. Ni un sólo día. Ahí estaba la diferencia con otras. Tres cuartos de hora para elegir, como el resto del año, un vestido de chaqueta negro y unos afilados tacones. El bolso rojo, pequeño, acompañado por una bolsa a juego, que le había costado encontrar del mismo tono, para la comida del día, que hacía en la pequeña cocina del despacho, cuando los demás bajaban. El pelo suelto pero escrupulosamente peinado, con dos florecillas a la altura de las sienes.

Tac, tac, tac, tac. Repasaba mentalmente la agenda para el día de Ruíz. Nunca le había gustado el apellido del jefe, tan vulgar. Hubiera preferido Sainz de la Maza o Echeitia Bengoitia, pero esas cosas no se elegían, pensaba. Al menos de momento.

No descuidar ningún pequeño detalle. Ese se había convertido en su lema. Cumpleaños de los clientes, gustos gastronómicos y fobias, el nombre de las esposas de los consejeros. Estas en todo, era la frase que más le escuchaba escuchar de Ruíz.

Tac, tac, tac, tac. Parecía flotar al torcer la esquina. La boca de metro estaba inusulamente atestada de gente, como el resto de la calle. Llegan todos tarde; se les habrán pegado las sábanas esta mañana y ahora a correr, pensó, sin darse cuenta que habían camiado la hora la noche anterior, para adptarla al horario de verano, y ella no habia cambiado el reloj.

Published in: on abril 3, 2008 at 10:07 pm  Dejar un comentario  
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